A medio día he estado escuchando
y viendo con admiración el final del Concierto de Año Nuevo en Viena, dirigido por
Daniel Barenboim. Pero yo de pequeño era tan ignorante (más aún que ahora) que
no entendía bien la función del director de orquesta, viendo que otras
formaciones musicales se “apañaban” sin él. No podía entender aún que el
director se expresaba a través de un enorme instrumento.
Más
mayor, interesado por las posibilidades de la música electrónica, me dejaba
fascinar -ya desde mi teclado Casio- por la imitación de los instrumentos
reales a través de un teclado o de un ordenador; ahora, aunque siempre atraído
por cualquier recurso para hacer música, lo veo desde otro ángulo: me fascina
la “aparatosidad” de una orquesta, todo lo que se hacía con ellas antes de la
informática musical y el compromiso mental, emocional y físico que hacen los
músicos y su director; es como si éste fuera el capitán de un navío enorme y
diera forma y fondo a un oleaje de sonidos, buscando una suerte de perfección
que, afortunadamente, es imposible. Esa parte misteriosa e impredecible de la
música y de la vida es también la que me apasiona. La búsqueda del ideal, en una
dirección o varias, encuentra en el viaje imperfecciones que lo hacen cada vez
más bello.
De pequeña también me pasaba algo parecido con la figura del director de orquesta, no eras el único ignorante jajaja. Hermosa la metáfora en la que comparas al director de orquesta con el capitán de un gran navío. MUY FELIZ AÑO HERMANO, BESOS.
ResponderEliminarEstefanía
Debe ser de familia: ignorantes y algo anarquistas (jeje). De todas formas Daniel Barenboim nos da algo de razón cuando saluda a los músicos uno por uno, dejándoles tocar como quieran o sin dejarles tocar, jeje. ¡Feliz año, Estefanía, muchos besos!
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